LALIGA GANA LA PRIMERA BATALLA JUDICIAL Y CONSAGRA LA IMPLANTACIÓN SOCIAL COMO CRITERIO LEGÍTIMO DE REPARTO

Un juzgado de instancia acaba de recordarle al club más poderoso del planeta que la autonomía asociativa también tiene dientes. No es un matiz menor. Es, de hecho, el núcleo duro de todo el litigio.

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Un juzgado de instancia acaba de recordarle al club más poderoso del planeta que la autonomía asociativa también tiene dientes. No es un matiz menor. Es, de hecho, el núcleo duro de todo el litigio.

La sentencia no discute el prestigio del Real Madrid, ni pretende hacerlo. Discute algo bastante más incómodo para quien demanda: si una mayoría estatutaria, válidamente constituida y con las mayorías exigidas por sus propios estatutos, puede fijar las reglas del reparto económico sin que ese acuerdo constituya, automáticamente, un abuso de posición dominante o una vulneración del ordenamiento jurídico. El tribunal responde que no. Y lo hace sin rodeos retóricos, apoyándose en un principio que muchos operadores jurídicos tienden a olvidar cuando el litigante es poderoso: la deferencia judicial hacia los acuerdos internos de una asociación privada tiene un umbral alto, y ese umbral no se supera solo porque el resultado económico disguste a una de las partes.

Lo verdaderamente relevante aquí no es el fallo en sí, previsible para quien conozca la jurisprudencia reciente en materia de derecho asociativo y competencia interna. Lo relevante es el mensaje de fondo: la «implantación social» deja de ser un eslogan comercial repetido en ruedas de prensa y pasa a ser, con respaldo judicial, una variable legítima y defendible en derecho para el reparto de ingresos audiovisuales. Eso cambia el terreno de juego para futuras negociaciones, y no solo para esta.

Conviene ser cauto, eso sí. Una sentencia de instancia no fija doctrina consolidada, y el Real Madrid, previsiblemente, no litiga para conformarse con una primera derrota. Litiga, como corresponde a su músculo jurídico, para llevar el debate a segunda instancia y, si hace falta, más allá. La partida está lejos de cerrarse.

Pero cada día que esta resolución permanece firme, LaLiga gana algo que trasciende el pleito puntual: gana relato jurídico, gana precedente argumental, y gana tiempo, que en litigios de esta envergadura vale tanto como la propia sentencia.

Y en el fútbol español, conviene no olvidarlo, el relato jurídico también reparte puntos fuera del campo.


Alejandro Klock Varas

Jurista y Mediador Civil y Mercantil
www.legaltimes.es

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