Hay algo profundamente incómodo, y a la vez fascinante, en que dos tribunales del mismo continente miren la misma sandalia y lleguen a conclusiones opuestas. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con Birkenstock. El Bundesgerichtshof alemán, en 2025, le negó la condición de obra protegida por entender que su diseño respondía a una función, no a una expresión creativa. El tribunal neerlandés, apenas unos meses después, ha fallado en sentido diametralmente contrario contra Lidl, obligándole a retirar de inmediato sus imitaciones de los modelos Arizona, Madrid, Gizeh, Boston y Florida, bajo multa coercitiva de 5.000 euros diarios.
La clave no está en el calzado, sino en un concepto que llevamos décadas manejando con más intuición que precisión: la originalidad. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en el asunto Mio/Konektra de diciembre de 2025, fijó el criterio que ahora invoca La Haya: un producto de diseño industrial merece protección de autor si refleja elecciones libres y creativas de quien lo concibió, y no una solución técnica obligada. La plantilla anatómica de Birkenstock, dice el fallo neerlandés, no era la única forma posible de resolver el problema del confort podal. Había margen para decidir, y ese margen es, jurídicamente hablando, el territorio donde nace el derecho de autor.
La armonización comunitaria existe sobre el papel, la Directiva 2001/29 así lo pretende, pero la aplicación judicial sigue teniendo acento nacional. Y eso, en un mercado único, no es un matiz académico: es un riesgo de cumplimiento real, con cifras de multa muy concretas.
Lo más severo del pronunciamiento no es la orden de cese, sino la obligación impuesta a Lidl de entregar todos sus datos de ventas y pedidos para el cálculo de la indemnización. Ahí está el verdadero disuasorio, porque transparenta el volumen del negocio infractor y traslada la carga probatoria del daño hacia el propio infractor. Una lección de manual para cualquier despacho que aconseje sobre estrategias de retail en varias jurisdicciones: la copia low cost puede salir barata en el lineal y carísima en el juzgado.
Quedará por ver si Lidl recurre y si Luxemburgo termina siendo llamado a unificar criterio de forma expresa para el caso Birkenstock. Mientras tanto, el mensaje para cualquier diseñador industrial es tan sencillo como incómodo: documenten cada decisión creativa desde el primer boceto. El día que alguien discuta si su producto es arte o utilidad, esos documentos valdrán más que cualquier alegato.
ALEJANDRO KLOCK VARAS
JURISTA
MEDIADOR CIVIL Y MERCANTIL
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