CUANDO EL ÁRBITRO SE CONTRODICE, EL LAUDO MUERE

LA LÓGICA JURÍDICA NO ES UN ADORNO.

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Que un tribunal anule un laudo arbitral es cada vez más difícil. La Ley de Arbitraje solo permite seis causas tasadas, y los jueces han interiorizado que su función no es revisar el fondo. Pero hay un límite: la lógica. El TSJ de Valencia acaba de recordarlo con una sentencia que debería hacer temblar a más de un árbitro.

El caso es de manual de patología procesal. Dos empresas disputan por un lote de caseinato caducado. El primer árbitro estima parcialmente: condena por unas facturas, absuelve por el lote contaminado. Ambas partes recurren. Llega el segundo árbitro y, en lugar de razonar, hace «copia y pega» de los fundamentos del primero. Incluye la descripción de por qué el producto era defectuoso. Y luego, contra toda lógica, cambia el fallo: condena al pago de 1,1 millones de euros, incluido el lote que él mismo había declarado inservible.

El laudo decía una cosa y fallaba la contraria. No es un error de valoración. Es una quiebra lógica. El TSJ lo anula por vulneración del orden público procesal: la motivación no puede ser contradictoria.

Y aquí llega el matiz que me inquieta. El árbitro de apelación no era un novato. Era el segundo en un procedimiento administrado por el Tribunal Arbitral de Valencia. ¿Nadie revisó el borrador? ¿Nadie advirtió que los argumentos no sostenían el fallo? El «copia y pega» no fue un despiste: fue una negligencia con consecuencias millonarias.

La sentencia es impecable jurídicamente. Pero me pregunto: ¿cuántos laudos similares se dictan sin que nadie los impugne? La parte perdedora asume el coste, el árbitro cobra sus honorarios y el sistema sigue rodando. Este caso ha saltado porque la contradicción era tan grosera que no admitía disimulo.

El arbitraje se vende como una justicia privada, ágil y especializada. Pero cuando un árbitro dicta un laudo irracional, la única salvaguarda es el control judicial. Y ese control, aunque limitado, existe. La sentencia del TSJ de Valencia es un aviso: la autonomía de la voluntad arbitral no es un cheque en blanco.

El árbitro que dictó este laudo probablemente seguirá arbitrando. La institución arbitral no ha sido sancionada. El sistema, en su conjunto, sigue intacto. Pero la próxima vez que un árbitro haga un «copia y pega», debería recordar que hay un tribunal, con jueces de carrera, que lee los fundamentos y contrasta el fallo. Y que la lógica, en Derecho, no es un adorno: es la condición de posibilidad de la justicia.

ALEJANDRO KLOCK VARAS
JURISTA Y MEDIADOR CIVIL Y MERCANTIL
www.legaltimes.es

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