La Audiencia Nacional acaba de plantar cara a una práctica tan extendida como jurídicamente cuestionable: el control visual diario de bolsos y mochilas al finalizar la jornada. Y lo ha hecho con contundencia. La orden a H&M es clara: cese inmediato.
La empresa lo justificaba en la protección de su patrimonio. El tribunal, sin embargo, no ha comprado ese argumento. ¿Qué peso tiene esa coartada cuando apenas se han acreditado seis despidos disciplinarios por hurto en tres años frente a una plantilla que supera los cuatro mil seiscientos empleados? Ninguno.
El fallo no prohíbe controlar. Prohíbe hacerlo de forma desproporcionada. Y ahí radica la clave del asunto. La sala ha aplicado el clásico test de proporcionalidad: idoneidad, necesidad y ponderación. El registro visual diario supera el primero. Fracasa estrepitosamente en los dos siguientes. Hay alternativas menos gravosas: arcos de seguridad en las salidas, sistemas de vigilancia electrónica. El empresario tiene derecho a defender su inventario, pero no a tratar a toda su plantilla como una banda de sospechosos en serie.
Como mediador, observo cómo esta sentencia reequilibra la balanza. No se trata de criminalizar al empresario. Se trata de recordarle que el ius variandi y el poder de dirección encuentran su límite en el artículo 18 de la Constitución. La intimidad personal no se suspende al cruzar la puerta del almacén.
El sector textil, y el retail en general, deberían tomar nota. El recurso sistemático al «cacheo preventivo» es una reliquia de otra época. Las grandes cadenas invierten millones en branding y experiencia de cliente, pero descuidan la experiencia del empleado. Error estratégico. La litigiosidad en esta materia va a más, y los tribunales están siendo exigentes. La falta de acreditación de un riesgo real convierte la medida en una intromisión ilegítima.
¿Implicaciones prácticas? Que todos los manuales de procedimiento interno que contemplen registros aleatorios o inspecciones visuales deben revisarse urgentemente. La regla de oro: documentar. Acreditar el volumen de pérdidas. Justificar la necesidad. Sin eso, la medida es papel mojado ante un juez.
La sentencia de H&M no es un capricho judicial. Es el espejo donde deben mirarse los departamentos de recursos humanos. Porque la prevención del hurto no puede convertirse en un ejercicio de desconfianza masiva. El trabajador no es el enemigo. Y el Derecho, afortunadamente, sigue estando de su lado.
Alejandro Klock Varas
Jurista y Mediador Civil y Mercantil
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